Posted on 27 Mayo 2024
Einstein dijo que lo que entendemos por sustancia física es en realidad una concentración de ondas de forma.
Los seres humanos emitimos una radiación etérica que llamamos biocampo. El plano etérico también llamado «pranico» o «energético» es el plano de las energías sutiles más densas. Aquí entran las ondas de forma, el campo vital/biocampo y las energías cosmotelúricas.
Esta radiación etérica al que llamamos biocampo se condensa localmente en capas en las que la ionización del aire es mas densa. Todos los objetos emiten una radiación etérica que se condensa localmente en una «onda de forma estacionaría etérica» La primera capa se llama «forma etérica» y su espesor depende de la cantidad de energía (electromagética y sutil) que atraviesa el objeto, así como de fuerzas físicas que influyen sobre él. Las siguientes capas son los armónicos de la forma etérica. La relación entre armónicos es de 1,5, la nota musical sol.
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En la imagen anterior observamos la imagen vibratoria de una viga. Se ve claramente un concepto que en Feng Shui se denomina «fecha envenenada». A la hora de diseñar un interior armónico tenemos que evitar las aristas demasiado vivas siempre que sea posible. No debemos pasar mucho tiempo o descansar debajo de un ángulo agudo o cortante, ya sea un elemento arquitectónico o del propio mobiliario.
Las vigas que tienen aristas muy vivas, de hierro o de cemento son formas agresivas que impiden el descanso. Las vigas de madera son más favorables, sobre todo si son redondeadas.

Las «flechas envenenadas» en Feng Shui las producen básicamente los objetos manufacturados (tipo Yang), en la naturaleza existen pocas formas de este tipo, ya que suelen ser curvas y suaves (tipo Yin). Cuanto más viva sea la arista más fuerte es la onda y su efecto perturbador. Estas formas desvitalizan el campo energético de las personas que conviven con esté tipo de elementos arquitectónicos, sobre todo si están ubicados muy cerca durante bastante tiempo.
Bibliografía:
Geometrías sagradas, Stephane Cardiaux
Armonía y hábitat, Marta Povo


